La medicina académica ha perdido de vista al ser humano, cada vez nos centramos mas en partes más pequeñas, nos superespecializamos olvidándonos del conjunto, miramos al sol pensando que es helio e hidrogeno, y en el análisis nos perdemos  su majestuosidad. Nos dedicamos a salvar ahogados que bajan río abajo sin preocuparnos de quien les tira desde el puente río arriba. La medicina académica falla por su filosofía o, más exactamente, por su falta de filosofía, domina las reparaciones en el ámbito físico mejor que cualquier otra alternativa. Reprocharle que no trate a la persona completa carece de sentido, pues es algo que nunca ha prometido.

La medicina natural, salvo contadas excepciones, debido probablemente a una falta de estudios del cuerpo humano y su fisiología, parece desechar la materia, se centra en la energía sin darse cuenta que el impulso eléctrico necesita del cable, por lo menos en esta vida en la tierra. Nuestra conciencia “vive” en un cuerpo, y en este cuerpo se reflejan nuestras alteraciones.

La medicina natural, no debería ser excluyente de la medicina académica, ni sinónimo de medicina tradicional, el Holismo es el tratamiento completo del ser humano en sus tres manifestaciones, conciencia, energía y materia, y no deberíamos atender solo a una de ellas por muy grosera que nos parezca la materia. Hace falta la implantación de una medicina integrativa, que maneje las dos perspectivas de manera armónica y no excluyente.

Mientras que en medicina siga existiendo el dualismo que define el termino “alternativas” y no pasemos a sustituirlo por el de “complementarias” no encontraremos el camino que nos lleve a lo que la OMS define como salud “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.”